pantalones marrones 0 (0)

Hace mucho tiempo vivió un hombre de mar, el Capitán Bravo. Era muy valiente y jamás mostró temor ante un enemigo. Una vez, navegando los siete mares, el vigía vio que se acercaba un barco pirata, y la tripulación del barco se volvió loca de terror. El capitán Bravo gritó
– Traigan mi camisa roja!!
y llevándola puesta instigó a sus hombres al ataque, y vencieron a los piratas. Unos días más tarde, el vigía vio dos barcos piratas. El capitán pidió nuevamente por su camisa roja, y la victoria volvió a ser suya.
Esa noche, sus hombres le preguntaron por qué pedia la camisa roja antes de entrar en batalla, y el capitán contestó:
– Si soy herido en combate, la camisa roja no deja ver mi sangre, y mis soldados continúan peleando sin miedo.
Todos los hombres quedaron en silencio, maravillados por el coraje de su capitán.
Al amanecer del día siguiente, el vigía vio no uno, no dos sino DIEZ barcos piratas que se acercaban. Toda la tripulación dirigió en silencio sus ojos al capitán, que con voz potente, sin demostrar miedo, gritó:
– Tráingame mis pantalones marrones!

Mujer exagerada 0 (0)

Después de hacer el amor, le dice la esposa al marido:
-Me has hecho la mujer más feliz del mundo.
-Exagerada.
-Bueno, de España.
-Exagerada.
-Vale, de la ciudad.
-Exagerada.
-Me pillaste. No lo pasé bien. ¿Echamos otro?¡¡Exagerada!!

Problema de mantenimiento 0 (0)

La esposa que llama desesperada y molesta a la recepción del hotel:
– Por favor vengan rápido que estoy teniendo una discusión con mi esposo y él dice que va a saltar por la ventana.
De la recepción le responden:
– Señora, ese es un asunto personal.
Y la esposa contesta:
– Sí, señor, pero la ventana no se abre, y eso ya es un problema de mantenimiento de ustedes.

Marido bombon 0 (0)

– Mi marido es un bombón.
– ¿Es guapo?
– No, es redondo y lleno de licor

Ultimo deseo 0 (0)

Un condenado a muerte está pasando su última noche en capilla. Recibe la visita del alcaide, quien se pone a dialogar amablemente con él.
-Bueno, ya sabes que a los condenados a muerte se les concede un último deseo. ¿Quieres alcohol?
-No, gracias.
-¿Cigarrillos quizá?.
-Tampoco.
-Bueno, di qué es lo que deseas.
-Me gustaría aprender el chino por correspondencia.