Una amiga le comenta a otra:
– Oye, ese abrigo de visón es muy bonito pero, ¿no te da pena que un pobre animal sufra para que tú presumas?
– Y tú ¿por qué defiendes a mi marido?.
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De cabeza
Se encuentra un soldado veterano explicando a unos amigos lo que le pasó en la guerra y les cuenta:
– Yo tuve la experiencia de caerme dentro de una letrina en el campo de batalla.
– ¡Increíble!, comentan los amigos.
– ¿Hasta dónde te impregnaste de toda esa porquería?, preguntan.
El veterano contesta:
– Hasta los tobillos.
– ¡Ah, por lo menos no estaba tan llena!, suspiran sus amigos.
– ¿Como que no? ¡Caí de cabeza!
Bar lleno
Un hombre entra en un bar y dice:
– Hola, ¿me pone una cerveza, por favor?
Y el camarero le dice:
– Oiga, pero, ¿no ve la gente que hay? ¿puede esperarse un momento?
El hombre, muy extrañado al ver que el bar estaba vacío se sienta en una silla pensativo, y decide esperar. Al cabo de 10 minutos se levanta y dice:
– Perdone, ¿podría ponerme ya la cerveza?, por favor…
– ¡Pero hombre! ¿no puede ser amable y esperarse?, tengo mucha faena, ¿no lo ve? ¡No puedo hacer todo al mismo tiempo!
El hombre cansado de la historia coge un cenicero y lo lanza contra el camarero, que pega un grito de dolor, se gira y le dice:
– Pero, ¿estás loco? ¿qué coño haces, tío?
Y el hombre le dice:
– ¡Sí hombre!, con la de gente que somos y he tenido que ser yo, ¿no?
Jaimito y el gorila
Un día la mamá de Jaimito lo manda a traer huevos, iba Jaimito a comprar, pero en su camino se topó con un circo y se detuvo a mirar un momento, y vio un gorila gigante. Cuando llegó a su casa le contó a sus padres que había ido al circo y que el gorila tenía, un brazotes, unas patotas, también unas manotas…
Entonces, la mamá le pregunta:
– ¿Y los huevos Jaimito?
– ¡Grandototes, mami, grandotes!
Sirveme la sopa
Jaimito le dice a su mamá a la hora de la comida:
– Mamá, mamá, tírame sopa en mi plato.
– No se dice tírame se dice sírveme, dice la mamá.
– Mamá, mamá tírame milanesa.
A lo que la mamá contesta:
– No se dice tírame, se dice sírveme.
Al poco rato dice Jaimito:
– Mamá, mamá, tírame arroz.
A lo que la mamá le contesta lo mismo.
En la tarde llega Jaimito alarmado y le dice a su mamá:
– Mamá, mamá, ¡Mi hermano se sirvió por la ventana!