Un día nuestra cortadora de césped (eléctrica) se estropeó…
Mi mujer me llenaba la paciencia dándome a entender que yo debería arreglarla…
Por mi parte, siempre acababa teniendo otras cosas mas importantes que hacer tipo: lavar el coche, hacer un informe, en fin…, lo que para mi parecía más importante….
Un día ella pensó un modo de convencerme, muy sutil.
Cuando llegué a casa, me la encontré agachada en el césped, ocupadísima recortándolo con su tijerita de costura…
Eso me llegó al alma…, me emocioné…
Decidí entrar en casa, y volví después de unos minutos, llevándole su cepillo de dientes…
Se lo entregué y se me ocurrió decirle:
– «Cuando termines con el césped, podrías también barrer el patio…»
Después de aquello, no me acuerdo de nada… Estoy en blanco….
Los médicos dicen que volveré a andar, que perdí sólo la mitad de la visión de un ojo y que cojearé el resto de mi vida
chistes de matrimonios
Esta vez no
Había una pareja de mediana edad que tenían dos hermosas hijas adolescentes.
La pareja decide intentar una última vez por el hijo varón que siempre quisieron.
Después de intentarlo por meses la esposa finalmente quedó embarazada y dio a luz un saludable varoncito 9 meses más tarde
El jubiloso padre corrió a la clínica a conocer a su nuevo hijo. Al mirarlo se horrorizó ya que el niño era el bebe más feo que había visto en su vida. Fue a ver a su esposa y le dijo:
Para el papel higienico
Un día una chica le dice a su enamorado:
– ¿Por qué no le dices a mi padre para que nos casemos?
A lo que el enamorado contesta:
– ¡Está bien!
Cuando llega el día de la pedida de mano el padre de la chica le pregunta al joven:
– ¿Y usted cuánto gana?
– Bueno, responde el muchacho, yo gano 500 euros.
Entonces, el padre exclama:
– ¡Eso no le alcanza a mi hija ni para el papel higienico!
Entonces, el joven ofendido se va de la casa, y cuando se va, la chica sale por la ventana y le dice:
– Carlos, ¿Por qué te vas?
El joven se voltea, la mira, y le dice:
– ¡Adios, cagona!
Speed dating
Un hombre y una mujer acababan de conocerse en una reunión social y estaban conversando. El tema eran sus matrimonios anteriores.
– Yo perdí a mi marido en el mar, dijo la señora.
– Lo siento mucho, replicó el caballero, ¿Se lo llevaría una corriente mientras nadaba?
– ¡No, que va!, íbamos en un crucero y se lo llevó una rubia despampanante.