Hablar mal 0 (0)

– Ay Mari, no veas mi marido que poco tacto tiene. Esta mañana me ha llamado gorda.
– No te preocupes por eso mujer, a mi me dice cosas peores.
– Ah si? es que es malo con todo el mundo… ¿Y a ti que te ha dicho?
– Pues que hueles mal, que eres tonta, imbécil,….

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Gorila caliente 0 (0)

Hace un día precioso de primavera de esos que casi hace calor. Un hombre y su mujer están pasando el día en el zoológico. Ella lleva un vestidito de tirantes, rosa, muy mono, muy primaveral. El lleva sus vaqueros y camiseta de siempre. Al ser pronto hay poca gente en el zoo. En su recorrido pasan por las jaulas de los simios y pasan delante de un gorila muy grande y peludo. Cuando este ve a la chica empieza a dar saltos. Saltando a las barras de la jaula se agarra con su mano y sus pies. Con la mano que le queda libre se golpea el pecho. Obviamente esta excitado al ver la chica guapa con su vestido de primavera.
El marido se percata de esto y le hace gracia. Sugiere a su mujer que le provoque un poco al gorila. Le dice que le haga morritos, que menee su trasero, etc. Ella lo hace y el gorila se excita aun mas. Esta pegando unos berridos que despertarían a los muertos. El marido le sugiere que deje caer uno de los tirantes del vestido y así enseñar un poco mas de piel. Ella lo hace y el gorila se pone que arranca las barras de la jaula.
– Ahora levántate un poco el vestido le dice para que se te vea las piernas y haz como que le abanicas con el vestido.
A estas alturas el gorila esta que no puede mas, esta dando volteretas hacia delante hacia atrás. De repente el hombre coge a su mujer fuertemente por el brazo, abre la jaula, la echa dentro con el gorila, vuelve a cerrar la puerta y le dice:
– Ahora dile que te duele la cabeza, andaaaaa, díseloooooo!!!.

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Dia de pesca 0 (0)

Hoy me levanté temprano, me puse los calzoncillos largos, me vestí con calma, me tomé un café, agarré mis cañas de pescar, me fui silenciosamente al garaje, puse las cañas en el maletero del coche y procedí a sacarlo del garaje bajo una lluvia torrencial.
Estaba toda la calle inundada y el viento gélido soplaba a una fuerza sobrenatural.
Sin lugar a dudas, no era un buen día para salir a pescar. Por lo que decidí volver a guardar el coche en el garaje, puse la radio y me enteré de que el mal tiempo iba a durar todo el día.
Entré de nuevo en mi casa, me desvestí silenciosamente y me deslicé dentro de la cama. Despacito me acurruqué contra la espalda de mi mujer, puse mis manos en sus pechos y le susurré al oído:
– El tiempo afuera está horrible.
Ella me contestó medio dormida:
– Ya lo sé. ¿Te puedes creer que el gilipollas de mi marido se fue hoy pescar?

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