Una señora va a sacar el pasaporte. El funcionario de turno le pregunta:
-¿Cuantos hijos tiene, señora?
-Diez.
-¿Cómo se llaman?
-Bernardo, Bernardo, Bernardo, Bernardo, Bernardo, Bernardo, Bernardo, Bernardo, Bernardo, y Bernardo.
– ¿Todos se llaman Bernardo?
– ¿Y cómo le hace para llamarlos cuando, por ejemplo, están jugando todos afuera?
-Muy simple, grito Bernardo y todos entran.
-¿Y si quiere que vayan a comer?
-Igual. Grito Bernardo y todos se sientan a comer.
-Pero si usted quiere hablar con uno en particular, ¿cómo le hace?
-¡Ah! En ese caso, lo llamo por su apellido.
Susto en el ascensor
Un hombre pequeño va en un ascensor. El ascensor se detiene en una planta y entra un tremendo negro. Éste mira al hombrecillo y ofreciéndole la mano, le dice:
– 2,10 metros, 125 kilos, un pené de 30 cms, dos testículos de 200 gramos cada uno. Cubano. Mi nombre es Dante La puerta.
El hombrecillo se desmaya y el hombre negro, sorprendido, le levanta y le despierta abofeteándole.
Entonces le pregunta:
– ¿Tienes algún problema?
A lo que el hombrecillo le contesta:
– ¿Podría repetir despacio lo que ha dicho?
El negro le mira desde arriba y le vuelve a decir:
– 2,10 metros, 125 kilos, un pene de 30 cms, dos testículos de 200 gramos cada uno. Cubano. Mi nombre es Dante Lapuerta.
Entonces ve que el hombrecillo da un respiro y dice:
– Gracias Dios mío, pensé que había dicho «Date la vuelta».