Esto es un trabajador que está en la empresa y le dice el jefe:
– Oye , ayer te di el día libre para ir al entierro de tu suegra, y la he visto esta mañana haciendo la compra en el mercado y luego en el centro comercial.
Y le contesta el empleado,
– ¡¡¡para que te fíes de las mujeres!!!.
La mujer del farmacéutico
Una mujer entra en un farmacia y le dice al dependiente:
– Buenos días. Quería comprar arsénico.
– Pero el arsénico es muy venenoso, ¿para qué lo quiere usted?
– Para matar a mi marido.
– ¡Pero no puedo vendérselo para eso!
La mujer saca una fotografía de su marido en la cama con la mujer del farmacéutico y se la muestra.
– Disculpe señora, no sabía que traía usted receta.
Amante gatuno
Llega el marido a casa con un arañazo en el cuello que le había hecho su amante en un momento de pasión, en eso que el hombre pensando pensado que excusa va a poner se le ocurre una idea, le da una patada al gato y este grita “Miiiiauuu”, la mujer lo oye y le pregunta:
– ¿Qué ha pasado mi amor?
– Este gato loco que me ha saltado a la cara y me ha arañado en el cuello
Y la mujer contesta:
– Dale un buen escarmiento que a mi me ha arañado en la teta
Llegar borracho
Un borracho muy borracho llega a su casa. Con gran dificultad consigue sacar su llave y dice:
– Eshta esh mi llave y eshta esh mi puerta.
Tambaleándose entra en la casa, y dice…
– Eshta esh mi casha, eshte esh mi pashillo, eshta esh la puerta de mi habitasión.
Entra en la habitación, y sigue palpando:
– Eshta esh mi cama, eshta esh mi mujer, y eshte tio que eshta durmiendo en la cama shoy yo.
Dia de pesca
Hoy me levanté temprano, me puse los calzoncillos largos, me vestí con calma, me tomé un café, agarré mis cañas de pescar, me fui silenciosamente al garaje, puse las cañas en el maletero del coche y procedí a sacarlo del garaje bajo una lluvia torrencial.
Estaba toda la calle inundada y el viento gélido soplaba a una fuerza sobrenatural.
Sin lugar a dudas, no era un buen día para salir a pescar. Por lo que decidí volver a guardar el coche en el garaje, puse la radio y me enteré de que el mal tiempo iba a durar todo el día.
Entré de nuevo en mi casa, me desvestí silenciosamente y me deslicé dentro de la cama. Despacito me acurruqué contra la espalda de mi mujer, puse mis manos en sus pechos y le susurré al oído:
– El tiempo afuera está horrible.
Ella me contestó medio dormida:
– Ya lo sé. ¿Te puedes creer que el gilipollas de mi marido se fue hoy pescar?