—Padre, hoy el sermón ha sido cortísimo.
—Es que el perro se me ha comido los papeles.
—Pues si el perro tiene cachorros, guárdele uno al cura de mi pueblo.
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Los botones del cestillo
Al final de la misa, el cura anuncia:
—Hoy la colecta ha sido de 120 euros y tres botones. Al que ha echado los botones: si me trae también el abrigo, le hago un descuento en la penitencia.
Ora
—¿Qué puedo hacer con mis pecados, señor cura?
—Ora.
—Las tres y cuarto. Pero ¿qué puedo hacer con mis pecados?
En otro viaje
Durante la misa, el cura pregunta:
—¿Quién quiere ir al cielo?
Todos responden:
—¡Yo!
Todos menos una señora, que se queda callada. El cura vuelve a preguntar:
—¿Quién quiere ir al cielo?
—¡Yo!
Y la señora, callada. El cura le pregunta:
—Señora, ¿usted no quiere ir al cielo?
—Sí, padre, pero en otro viaje, que este va muy lleno.
La tierra menos productiva
—¿Cuál es la tierra menos productiva del mundo?
—El Vaticano: en dos mil años, solo ha dado papas.
Padre ejemplar
En un entierro, el cura no para de elogiar al difunto:
—Era un buen marido, un excelente cristiano, un padre ejemplar…
La viuda se vuelve hacia uno de sus hijos y le dice al oído:
—Ve a mirar el ataúd, a ver si es tu padre el que está dentro.