—Padre, me confieso: he robado una gallina.
—Pues tienes que devolvérsela a su dueño.
—¿Y si se la doy a usted?
—No, hijo, a su dueño.
—Es que ya se la he ofrecido y no la quiere.
—Entonces quédatela y ve en paz.
Esa noche, el cura llega a casa y le falta una gallina.
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El taxista en el cielo
Llegan al cielo un cura y un taxista de Madrid. San Pedro le da al taxista una mansión con piscina, y al cura, un piso pequeño.
—¿Cómo puede ser? ¡Yo he dedicado mi vida a Dios!
—Ya, padre, pero cuando usted predicaba, la gente se dormía. Cuando conducía él, rezaban todos.
El cura de Granada
A un cura de Granada el obispo le dice:
—Tienes que irte a Sevilla.
Y el cura, que no puede ver a los sevillanos, se tiene que ir. En su primera misa habla de Adán y Eva:
—Adán, bueno, puro… ¡del barrio de la Chana, de Granada! Eva, mala, impura… ¡del barrio de la Macarena, de Sevilla!
Y se arma un revuelo. En la segunda misa habla de Caín y Abel:
—Abel, bueno, puro… ¡del Zaidín, de Granada! Caín, malo, impuro… ¡de Nervión, de Sevilla!
Otro revuelo. Al acabar, el obispo de Sevilla le dice:
—Esto no puede seguir así. Mañana das la última misa y te vas.
Al día siguiente habla de la Última Cena, cuando los apóstoles le preguntan a Jesús quién lo va a traicionar:
—¿Seré yo, Maestro?
—No, Pedro, no serás tú.
—¿Seré yo, Maestro?
—No, Juan, no serás tú.
Y así hasta que le toca a Judas:
—¿Zeré yo, miarma?
Padre ejemplar
En un entierro, el cura no para de elogiar al difunto:
—Era un buen marido, un excelente cristiano, un padre ejemplar…
La viuda se vuelve hacia uno de sus hijos y le dice al oído:
—Ve a mirar el ataúd, a ver si es tu padre el que está dentro.
Infiel y mentiroso
Un hombre entra en el confesionario:
—Padre, me quiero confesar.
—Dime, hijo, ¿cuáles son tus pecados?
—He sido infiel a mi mujer. Soy productor de cine y hace quince días me acosté con Jennifer López.
—¿Algo más, hijo?
—Sí, padre. La semana pasada fui débil y también me acosté con Nicole Kidman y con Julia Roberts.
—¡Vaya! ¿Algo más?
—Sí, padre. Esta semana no he podido resistirme y he estado en una fiesta con Cameron Diaz y Cindy Crawford a la vez. Necesito el perdón de Dios.
—Lo siento, hijo, pero no te puedo absolver.
—¿Por qué no, padre? ¡Si la misericordia de Dios es infinita!
—Sí, pero ni Dios se va a creer que estás arrepentido.
Los botones del cestillo
Al final de la misa, el cura anuncia:
—Hoy la colecta ha sido de 120 euros y tres botones. Al que ha echado los botones: si me trae también el abrigo, le hago un descuento en la penitencia.